Por Aurelio Argañaraz*
En la asamblea anterior, con nuestra Carta III, decíamos que las circunstancias nacionales nos ponían ante una hora de definiciones y compromiso. Para reafirmar esto, para entender lo que se juega en estas elecciones, cabe dar la palabra a los opositores del gobierno.
La doctora Carrió quiere volver al Fondo Monetario, a los monitoreos y los ajustes, para obtener un préstamo que le permita eliminar las retenciones a las exportaciones. O sea: para no tocar la renta extraordinaria del grupo sojero, está dispuesta ha hipotecar al país y perder la soberanía. Lo dice abiertamente, sin pudor. Dice también, en otra muestra de desprecio a la capacidad de juicio de todo nuestro pueblo, que tenemos hoy un estado “fascista”. Y en el colmo de la desfachatez, afirma que Pratt Gay, su candidato a diputado, un representante de
Estamos en peligro: esta gente quiere gobernarnos. Todos son amnésicos o actúan como si lo fueran. Aguad olvida sus fotos con Menéndez. Mestre (h) añora la “calidad institucional” y llora si alguien critica a papá. También desvergonzado, nada recuerda de las coimas del Senado en el gobierno de De
¡¡Y estos personajes hablan del “autoritarismo” del gobierno actual!!
Córdoba, muy particularmente, exhibe una oposición llena de mediocridad, odio clasista no disimulado, falsedad y demagogia de la peor calaña. Juez se abraza con Lilita Carrió, Pino Solanas o Binner, como si todos los tranvías lo dejaran bien. Presume de honrado y busca el poder sin ningún principio, ocultando su condición de lobista de Roggio y su debilidad por Bugliotti y todos los poderosos, entre los cuales están los empresarios del campo. No en vano ha sido menemista y colaborador de Schiaretti en la turbia intervención a Santiago del Estero, de cuyas corruptelas jamás hace mención.
Son todos agentes de lo que se llamó alguna vez el “verdadero poder detrás del trono”. Son los apóstoles de una restauración neoliberal, como ha confesado Macri, tal vez sin quererlo, cuando habló de reprivatizar Aerolíneas Argentinas y devolver los aportes a las AFJP. Es un plan siniestro, sólo equiparable al del golpe del 55 o a lo que fueron en el 76 Martínez de Hoz y más tarde Cavallo en la década del 90. Sólo que esta vez tiene a su favor a ciertos “peronistas” neoliberales, que nos recuerdan más a Menem y a Barrionuevo que al General Perón y al 17 de Octubre.
Como ocurre siempre en la historia argentina, no falta hoy una seudoizquierda carente de realismo, que colabora con la derecha golpista y reaccionaria criticando las incoherencias reales o supuestas de una gestión favorable al interés nacional. Esa seudoizquierda parece inmunizada contra la experiencia histórica, ya que actuó así contra Irigoyen en 1930 y en el año 55 contra el General Perón. No obstante, como confiamos en la presencia de personas sinceras que a veces se confunden ante “la trampa seudoizquierdista”, vamos a recordar un episodio histórico.
En el mes de mayo de 1955, ante la firma del convenio entre el gobierno de Perón y
Todos sabemos para qué fines hacían campaña esos cipayos de triste memoria. Después nos impusieron el retorno al coloniaje, según palabras de Arturo Jauretche.
En dicha situación, tan parecida a la que hoy vivimos, alguna gente bien intencionada, pero sensible frente a la presión del terrorismo ideológico de la ofensiva oligárquica, hablaba de retirar su apoyo a Perón. Advirtiéndolo, Scalabrini Ortiz, ese gran patriota de cuya muerte se cumplieron hace muy poco 50 años, que no aprobaba el convenio petrolero, señaló con claridad que las alternativas reales no permitían optar entre el General Perón y el Arcángel Gabriel, sino entre aquél y el enemigo imperialista, que procuraba derribarlo, no por sus errores, sino por sus méritos.
Esas nociones, válidas entonces, se ajustan plenamente a la coyuntura actual, para disipar la duda de cualquier persona dispuesta a reflexionar con independencia crítica.
Ningún patriota, ninguna compañera o compañero del pueblo nos reprochará jamás que hoy optemos por respaldar decididamente a una gestión que, pese a sus debilidades y a muchas contradicciones, ha torcido el rumbo impuesto al país en marzo del 76 y ha llevado a cabo, en un contexto de debilidad del Estado y del movimiento popular, algunas realizaciones que son significativas para retomar el dominio de nuestro destino.
Comprender esto y compartir una práctica que luche por la profundización del giro nacional y popular abierto en el 2003, hasta lograr su afianzamiento como un proceso de liberación nacional estrechamente asociado con
Es necesario frenar una embestida de derecha cuyo fondo social muestran fielmente varias declaraciones de los prohombres del “campo”, cuya sinceridad bestial se disfraza en boca del político profesional, que cuida las formas para consumar la estafa (“si decía la verdad, no me votaban”, explica Menem). Cuando De Angelis, que quiere “arrear a los peones al cuarto oscuro”, para que “voten bien”, o el diputado agrario por Entre Ríos, Jorge Chemes, adoctrina a los suyos diciéndoles que en la guerra “hay que ir matando a los de la primera fila, para barrer a la mayoría, a la mugre y después empezar a remar”, cobramos conciencia respecto al significado de que en pleno furor del loct out patronal agropecuario se elogiara a Videla y aparecieran gestos de aprobación hacia el Proceso.
Ese es el espíritu de la oposición, sin la mala cosmética. Odio de clase, deseo de aplastar toda osadía que cuestione a las sanguijuelas que succionan la sangre de nuestra sociedad, la intolerancia y criminalidad que hemos visto en Santa Cruz de
Ante ese cuadro, compañeras y compañeros, reitero: ninguna compañera o compañero del pueblo nos reprochará nunca que hoy optemos entre respaldar decididamente a un gobierno débil y a veces irresuelto, que representa sin embargo un claro viraje patriótico y popular, que hizo una bandera de los derechos humanos y la hermandad latinoamericana y ha recorrido un camino donde se combinan logros reales y efectivos con valores y símbolos de la memoria de los argentinos, como es el caso de
¡Viva
Córdoba, 22 de Junio de 2009
Aurelio Argañaraz
(*) Versión escrita de la ponencia presentada en
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