martes, 18 de noviembre de 2008

El parto de los montes

Por Fidel Castro Ruz

Bush se mostraba feliz con tener a Lula a su diestra en la cena del viernes. A Hu Jintao, al que respeta por el enorme mercado de su país, la capacidad de producir bienes de consumo a bajo precio y el caudal de sus reservas en dólares y bonos de Estados Unidos, lo sentó a su izquierda.
Medvédev, a quien ofende con la amenaza de ubicar los radares y la cohetería estratégica nuclear no lejos de Moscú, fue ubicado en un asiento distante del anfitrión de la Casa Blanca.
El rey de Arabia Saudita, un país que producirá en un futuro próximo 15 millones de toneladas de petróleo ligero a precios altamente competitivos, quedó también a su izquierda, al lado de Hu.
Su más fiel aliado en Europa, Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, no aparecía cerca de él en las imágenes.
Nicolás Sarkozy, descontento con la arquitectura actual del orden financiero, quedó distante de él, con el rostro amargado.
Al Presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, víctima del resentimiento personal de Bush y asistente al cónclave de Washington, ni siquiera lo vi en las imágenes televisadas de la cena.
De esa forma fueron ubicados los asistentes al banquete.
Cualquiera hubiera pensado que al día siguiente se produciría el debate de fondo sobre el peliagudo tema.
Temprano en la mañana del sábado, las agencias informaban sobre el programa que tendría lugar en el National Building Museum de Washington. Cada segundo estaba programado. Se analizarían la actual crisis y las medidas a tomar. Se iniciaría a las 11 y 30 hora local. Primero, sesión gráfica: "fotos de familia", como las llamó Bush; veinte minutos después, la primera plenaria, seguida de una segunda a la mitad del día. Todo rigurosamente programado, hasta los nobles servicios sanitarios.
Los discursos y análisis durarían aproximadamente tres horas y 30 minutos. A las 3 y 25, hora local, almuerzo. De inmediato, a las 5 y 5, declaración final. Una hora después, a las 6 y 5, Bush marcharía a descansar, cenar y dormir plácidamente en Camp David.
El día transcurría, para los que seguían el evento, con la impaciencia por conocer cómo en tan breve tiempo se abordarían los problemas del planeta y de la especie humana. Estaba anunciada una declaración final.
El hecho real es que la declaración final de la Cumbre se elaboró por asesores económicos preseleccionados, bastante afines al pensamiento neoliberal, mientras Bush en sus pronunciamientos pre y pos cumbre reclamaba más poder y más dinero para el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones mundiales que están bajo riguroso control de Estados Unidos y sus más cercanos aliados. Ese país había decidido inyectar 700 mil millones de dólares para salvar a sus bancos y empresas transnacionales. Europa ofrecía una cifra igual o mayor. Japón, su más firme pilar en Asia, ha prometido una contribución de 100 mil millones de dólares. Esperan de la República Popular China, que desarrolla crecientes y convenientes vínculos comerciales con los países de América Latina, otra contribución de 100 mil millones procedentes de sus reservas.
¿De dónde saldrían tantos dólares, euros y libras esterlinas como no fuera endeudando seriamente a las nuevas generaciones? ¿Cómo se puede construir el edificio de la economía mundial sobre billetes de papel, que es en lo inmediato lo que realmente se pone en circulación, cuando el país que los emite sufre un enorme déficit fiscal? ¿Valdría la pena tanto viaje por aire hacia un punto del planeta llamado Washington para reunirse con un Presidente al que le quedan sólo 60 días de gobierno, y suscribir un documento que ya estaba diseñado de antemano para ser aprobado en el Washington Museum? ¿Tendría razón la prensa radial, televisiva y escrita de Estados Unidos al no concederle atención especial a ese viejo rejuego imperialista en la cacareada reunión?
Lo increíble es la propia declaración final, aprobada por consenso de los participantes en el cónclave. Es obvio que constituye una aceptación plena de las exigencias de Bush, antes y durante la cumbre. A varios de los países participantes no les quedaba otra alternativa que aprobarla; en su lucha desesperada por el desarrollo, no deseaban aislarse de los más ricos y poderosos, así como de sus instituciones financieras, que constituyen mayoría en el seno del Grupo G-20.
Bush habló con verdadera euforia, usando palabras demagógicas, leyó frases que retratan la declaración final:
"La primera decisión que tuve que tomar —dijo— fue quiénes venían a la reunión. Decidí que teníamos que tener a las naciones del Grupo de los 20, en lugar de solamente el Grupo de los Ocho o el Grupo de los Trece.
"Pero una vez que se toma la decisión de tener al Grupo de los 20, la pregunta fundamental es con cuántas naciones de seis diferentes continentes, que representan a diferentes etapas de desarrollo económico, es posible alcanzar acuerdos que sean sustanciales, y me complace informarles que la respuesta a esa pregunta es que lo logramos."
"Estados Unidos ha tomado algunas medidas extraordinarias. Ustedes, que han seguido mi carrera, saben, yo soy un partidario del libre mercado, y si uno no toma medidas decisivas, es posible que nuestro país se suma en una depresión más terrible que la Gran Depresión."
"Recién empezamos a trabajar con el fondo de 700 mil millones de dólares que está comenzando a liberar dinero a los bancos."
"De manera que todos entendemos la necesidad de promover políticas económicas a favor del crecimiento."
"La transparencia es muy importante para que los inversionistas y los reguladores puedan saber exactamente qué está pasando."
El texto del resto de lo que dijo Bush es por el estilo.
La declaración final de la Cumbre, que requiere por su extensión media hora para leerlo en público, se define a sí misma en un grupo de párrafos seleccionados:
"Nosotros, los líderes del Grupo de los 20, hemos celebrado una reunión inicial en Washington el 15 de noviembre entre serios desafíos para la economía y los mercados financieros mundiales¼ "
"¼ debemos poner las bases para una reforma que nos ayude a asegurarnos de que una crisis global como esta no volverá a ocurrir. Nuestro trabajo debe estar guiado por los principios del mercado, el régimen de libre comercio e inversión¼ "
"¼ los actores del mercado buscaron rentabilidades más altas sin una evaluación adecuada de los riesgos y fracasaron¼ "
"Las autoridades, reguladores y supervisores de algunos países desarrollados no apreciaron ni advirtieron adecuadamente de los riesgos que se creaban en los mercados financieros¼ "
"¼ las políticas macroeconómicas insuficientes e inconsistentemente coordinadas, e inadecuadas reformas estructurales, condujeron a un insostenible resultado macroeconómico global."
"Muchas economías emergentes, que han ayudado a sostener la economía mundial, cada vez más sufren el impacto del frenazo mundial."
"Subrayamos el importante papel del FMI en la respuesta a la crisis, saludamos el nuevo mecanismo de liquidez a corto plazo y urgimos a la continua revisión de sus instrumentos para asegurar la flexibilidad.
"Animaremos al Banco Mundial y a otros bancos multilaterales de desarrollo a usar su plena capacidad en apoyo de su agenda de ayuda¼ "
"Nos aseguraremos de que el FMI, el Banco Mundial y los otros bancos multilaterales de desarrollo tengan los recursos suficientes para continuar desempeñando su papel en la resolución de la crisis."
"Ejercitaremos una fuerte vigilancia sobre las agencias de crédito, con el desarrollo de un código de conducta internacional."
"Nos comprometemos a proteger la integridad de los mercados financieros del mundo, reforzando la protección del inversor y el consumidor."
"Estamos comprometidos a avanzar en la reforma de las instituciones de Bretton Woods, de forma que puedan reflejar los cambios en la economía mundial para incrementar su legitimidad y efectividad."
"Nos reuniremos de nuevo el 30 de abril de 2009 para revisar la puesta en marcha de los principios y decisiones tomadas hoy."
"Admitimos que estas reformas sólo tendrán éxito si se basan en un compromiso con los principios del libre mercado, incluyendo el imperio de la ley, respeto a la propiedad privada, inversión y comercio libre, mercados competitivos y eficientes y sistemas financieros regulados efectivamente."
"Nos abstendremos de imponer barreras a la inversión y al comercio de bienes y servicios."
"Somos conscientes del impacto de la actual crisis en los países en desarrollo, particularmente en los más vulnerables.
"Mientras avanzamos, estamos seguros de que mediante la colaboración, la cooperación y el multilateralismo superaremos los desafíos que tenemos ante nosotros y lograremos restablecer la estabilidad y la prosperidad en la economía mundial."
Lenguaje tecnocrático, inaccesible para las masas.
Pleitesía al imperio, que no recibe crítica alguna a sus métodos abusivos.
Loas al FMI, Banco Mundial y las organizaciones multilaterales de créditos, engendradores de deudas, gastos burocráticos fabulosos e inversiones encaminadas al suministro de materias primas a las grandes transnacionales, que son además responsables de la crisis.
Así por el estilo, hasta el último párrafo. Es aburrida, plagada de lugares comunes. No dice absolutamente nada. Fue suscrita por Bush, campeón del neoliberalismo, responsable de matanzas y guerras genocidas, que ha invertido en sus aventuras sangrientas todo el dinero que habría sido suficiente para cambiar la faz económica del mundo.
En el documento no se dice una palabra de lo absurdo de la política de convertir los alimentos en combustible que propugna Estados Unidos, del intercambio desigual de que somos víctimas los pueblos del Tercer Mundo, ni sobre la estéril carrera armamentista, la producción y comercio de armas, la ruptura del equilibrio ecológico, y las gravísimas amenazas a la paz que ponen al mundo al borde del exterminio.
Sólo una frasecita perdida en el largo documento menciona la necesidad de "afrontar el cambio climático", cuatro palabras.
Por la declaración se verá cómo los países presentes en el cónclave demandan reunirse de nuevo en abril de 2009, en el Reino Unido, Japón o cualquier otro país que cuente con los requisitos adecuados —nadie sabe cuál—, para analizar la situación de las finanzas mundiales, con el sueño de que las crisis cíclicas nunca vuelvan a repetirse con sus dramáticas consecuencias.
Ahora les corresponderá a los teóricos de izquierda y de derecha opinar fría o acaloradamente sobre el documento.
Desde mi punto de vista, no fueron rozados ni con el pétalo de una flor los privilegios del imperio. Si se dispone de la paciencia necesaria para leerlo desde el principio hasta el final, podrá apreciarse cómo se trata simplemente de una apelación piadosa a la ética del país más poderoso del planeta, tecnológica y militarmente, en la época de la globalización de la economía, como quienes ruegan al lobo que no se devore a la Caperucita Roja.
16 de 20084 y 12 p.m.

martes, 11 de noviembre de 2008

Gracias, Buzzi

Por Eduardo Aliverti

Sí, el primer sentido de estas líneas es un profundo agradecimiento al amigazo Eduardo Bu-zzi. Pero el fin no es ése, sino valerse de eso para llamar la atención sobre ciertas opiniones y acciones circulantes.
El presidente de la Federación Agraria produjo uno de los sinceramientos más felizmente brutales de que se tenga registro público. Dijo que "la consigna es desgastar a este Gobierno", y no hay ninguna posibilidad de que no haya medido que lo dicho no trascendería. Lo aseveró en una reunión de productores agropecuarios con cobertura periodística.
Dijo "desgastar", dijo "erosionar", dijo "virulencia". ¿Por qué lo dijo? Porque sabe que tiene que aglutinar la furia de los rentistas rurales pequeños y medianos, so pena de que éstos terminen por no entender cuál fue el negocio de haberse aliado a lo peor de lo peor de la derecha campestre si es que, derrotada la dichosa Resolución 125, acabaron como pato de la boda.
Lo reconoció porque, de toda otra manera, sus bases quedarían sin horizonte de lucha donde volcar su resentimiento. La Rural y Cía. ya los usaron de preservativo, los que se jodieron son ellos, el diablo nunca paga bien y entonces Buzzi sale a doblar la apuesta para conservar consenso.
Sin embargo, así la razón no fuese ésa y se tratase de cualquier otra, ¿Buzzi dijo algo que no supiesen los que defendieron y se plegaron a la lucha del "campo"?
¿Qué es lo que tanto molesta de su confesión, como no sea el haber reconocido que el objetivo último de la guerra gaucha era imponer condiciones desde una alianza social de derecha?
¿Qué tiene de malo reconocerlo? ¿Que "desgastar" es asociable a "golpismo"?
¿Y qué suponían que era asociarse para defender intereses individuales y de sector contra la intervención del Estado en la economía, por muy sospechoso que fuere para qué quiere intervenir el kirchnerismo?
El golpismo ya no adquiere formas militares, pero la política siempre significa vencer al otro en la administración de los conflictos. Buzzi lo verbalizó, lo despejó. Puso negro sobre blanco de qué se trata: derrotar al Gobierno porque afecta sus negocios y la negociación ya no tiene sentido porque al Gobierno no le importa.
Esto último podrá estar bien o mal y puede deberse a la convicción oficialista o a que es una gestión de improvisados que resuelve qué hace sobre la marcha; pero lo cierto es que hay una parte que no oculta dónde se para y hay otra que, hasta la "confidencia" de Buzzi, decía que su batalla era por la defensa de la Patria. Y aparece Buzzi y dice no. Dice que es la defensa de ellos, que enfrente hay alguien a quien doblegar y que para someterlo es necesario ratificar el acuerdo con quienes sean, no importa la historia y el olor que desprendan. Qué horror, se espantan sus aliados y simpatizantes sectoriales, políticos y periodísticos. Con todo lo que vivió este país, hablar de "desgastar" a un gobierno constitucional.
¿Se dan cuenta ahora, y no cuando estaban en cadena nacional con un coro uniforme contra la tiranía?
La hipocresía de esa razón tiene su espejo gemelo frente al debate por la reestatización del sistema jubilatorio.
El proyecto del Gobierno es o puede ser todo lo desconfiable que se quiera. Hay necesidad de caja para afrontar los vencimientos de deuda; no es un tema que figurase en agenda; lo sacaron de la noche a la mañana en forma desprolija, como casi todas las decisiones que encaran; debieron aceptar varios cambios porque los controles del destino recaudatorio más bien se parecían a un relajo.
Pero nadie, con seriedad y honestidad intelectual, puede oponerse a liquidar el más bochornoso de los negociados que dejaron los '90. Y tanto es así que algunos de los periodistas y comunicadores, de la derecha más modosita, se animaron a inquirir a referentes de la oposición acerca de si sus sospechas sobre la iniciativa oficial implican defender a las AFJP.
Ninguno sabe qué contestar. Se enredan en explicaciones con principio pero sin final, arguyen que es una confiscación de ahorros y reclaman por un gran debate. O sea, la nada misma. No se animan a asumir que defienden el régimen de "capitalización" (curiosa palabra, en tanto sus adherentes no hacen más que descapitalizarse de modo progresivo), porque saben que hacerlo es política y técnicamente impresentable. El camino que les queda, en consecuencia, es aprovechar la circunstancia para reagrupar fuerzas a partir de las suspicacias que despierta el proyecto kirchnerista; y desde ahí, intentar la reactivación de lo que Buzzi admitió como meta: desgastar, erosionar. No será precisamente un periodista como el firmante quien vaya a cuestionar que detrás de cada determinación política subyace un posicionamiento ideológico, por acción u omisión.
Pero si como juego de razonamiento pudiera aceptarse, con carácter denostador, que detrás de la reestatización jubilatoria hay intereses de construcción de poder que van más allá de la defensa de los fondos previsionales, ¿qué cabe decir de Alfredo De Angeli, Juan Carlos Blumberg & Asociados, el rabino Sergio Bergman y la Corriente Clasista y Combativa, entre muchos otros, sumados a la militancia activa contra el proyecto oficial? ¿Cómo es esa lógica? ¿En un caso hay ideología, en su acepción de ideologismo perverso? ¿Y en el otro hay ciudadanos intachables provenientes de las más variadas esferas, con la sola pretensión de oponerse a un saqueo del Estado?
En el mismo sentido, la marcha de los "pañuelos negros" frente a la residencia presidencial de Olivos, por parte de víctimas de delitos urbanos, cuenta también con el concurso de quienes se enfrentan a las retenciones agropecuarias y al cambio del sistema de jubilaciones.
¿Alguien le pregunta a De Angeli qué cuernos hace en una manifestación de víctimas de la inseguridad, en la que además participa como organizador? No.
¿Está mal que organice y participe? No, está perfecto: es un actor político en legítima función de desgastar a su oponente.
¿Alguien le pregunta a un rabino qué hace jugando un papel público contra la vuelta de las jubilaciones al Estado? No, y se copia la secuencia de respuesta anterior.
Lo que resulta vomitivo es el cinismo de disfrazar esa tarea de opositor activo bajo el antifaz de la mera indignación como "simple ciudadano". Lo que no se aguanta es que quieran ignorar como si tal cosa el subtexto de convocar, en la Argentina , a una marcha con pañuelos que no sean blancos. La producción de sentido que eso significa. El proyecto político que eso quiere decir.
Así que gracias, Buzzi. Un millón de infinitas gracias por contribuir a dejar bien claro desde dónde se habla y se hace, y con quiénes. Nadie ha pasado tan en limpio cuáles son las alianzas sociales que están hoy en juego en este país.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Implicaciones de la victoria de Obama



Por Olmedo Beluche (*)

Rebanadas de Realidad - Ciudad de Panamá, 06/11/08.-
El senador Barack Obama ha ganado con claridad las elecciones en Estados Unidos, despertando el entusiasmo de millones de personas, no sólo en aquel país sino en todo el mundo. Parece claro que la base electoral que sustenta su triunfo está constituida por los sectores más explotados y discriminados de la sociedad norteamericana: las llamadas "minorías", los afrodescendientes, los inmigrantes hispanos y los blancos pobres, la clase obrera, víctimas de la crisis capitalista.
Por supuesto, como todo fenómeno político y social, la victoria de Obama tiene dos caras: por un lado, las expectativas que despertó su candidatura en millones de oprimidos, que lo han convertido en su instrumento "para el cambio" al que aspiran; por otro, la esencia conservadora del stablishment y del aparato del partido que lo lleva al poder.
A riesgo de perder la perspectiva en un análisis antidialéctico, no puede ignorarse ninguna de ambas facetas. Enfatizar sólo la primera y olvidar la segunda, nos conduciría a crearnos falsas ilusiones sobre lo que sucederá con la política norteamericana a partir de ahora, y en los límites reales del "cambio" con que se manejará el presidente electo. Hacer lo contrario, es decir, olvidar el factor de las masas, su acción (el voto a Obama) y sus expectativas, conduce a un error sectario que desprecia el nivel de conciencia con sus avances y limitaciones.
Ambos factores se erigen como un hecho objetivo que no se puede ignorar. Quienes creen que la "obamamanía" es una simple maniobra del régimen norteamericano para renovarse, vendida a través de los medios de comunicación, se ubican en esa maniquea visión de la realidad que ante cada nuevo hecho sólo ve la conspiración de una élite secreta que gobierna al mundo y le niegan cualquier crédito a la acción y la conciencia de las masas. Despreciar a las masas porque creen que son tontas es una actitud típica de la intelectualidad pequeñoburguesa.
Obama es el candidato triunfador de las elecciones porque existe una crisis profunda, no sólo económica, sino política también del imperialismo norteamericano. Crisis que, obviamente, la clase dominante norteamericana no desearía, pero que incluso a ella se le presenta como un hecho objetivo, que no puede controlar e intenta maniobrar con lo que tiene. Pero también es una crisis porque objetivamente las masas norteamericanas están en un proceso de ruptura y descreimiento con los políticos de Washington y sus partidos.
No olvidemos que Obama no era la primera opción de la nomenclatura del partido demócrata, sino la senadora Hillary Clinton. Obama se impuso en la primarias demócratas porque levantó una crítica más radical que Hillary, tanto a la guerra en Irak como al manejo corrupto de los políticos de Washington.. Por eso las bases obreras y populares, y de manera particular la juventud, lo hicieron su candidato y lo impusieron hundiendo el proyecto cuidadosamente construido por los dirigentes demócratas con Hillary.
Por supuesto que, en la medida que Obama se constituía en fenómeno político, fue ampliándose el círculo de la oligarquía yanqui en su entorno. La postulación del senador Biden a la vicepresidencia graficó claramente el hecho, así como la atenuación de sus críticas una vez aseguradas las primarias. Lo cual hizo caer sus intenciones de voto al punto de ir perdiendo al momento de realizarse las primarias republicanas. Pero nuevamente fue catapultado gracias al destape de la profunda crisis financiera entre septiembre y octubre.
¿Qué expresa el voto de más de 50 millones de norteamericanos y el júbilo con que fue recibida esta victoria electoral en todo el mundo, desde Kenia hasta Cuba? No son simples "ilusiones", son las profundas aspiraciones revolucionarias al cambio, al "otro mundo posible" de los oprimidos. Todo un programa revolucionario.
Primero, la votación refleja un profundo rechazo a 500 años de explotación y discriminación contra la gente de "color" en uno de los países más racistas del mundo. La victoria de Obama es sentida por negros, hispanos, indios, mulatos, de todos los continentes como una victoria democrática contra el racismo. De ahí el júbilo de muchos por esta victoria. Es inevitable la comparación con el triunfo de Mandela en Sudáfrica. Esto no cambia la esencia capitalista del sistema norteamericano pero, qué duda cabe, es un triunfo democrático.
Segundo, quienes le votaron exigen del nuevo presidente un cambio real en la política económica: fin de los beneficios para los monopolios, en especial los petroleros y a los clanes financieros, principales beneficiarios de ocho años de gobierno republicano, ayudas a las familias pobres, a los que están en riesgo de perder sus casas, empleos y defensa de la industria, seguro médico universal, jubilaciones.
Tercero, son cincuenta millones que aspiran a un cambio en la política exterior norteamericana, empezando con el fin de la genocida guerra de Irak y Afganistán, por el fin del unilateralismo de Bush, por el respeto a las instituciones y a la legalidad internacionales, por el fin del "libre comercio" que sólo favorece al capital financiero. ¿Cuántos cubanos de Florida votaron esperando el fin del bloqueo a la isla?
Cuarto, los inmigrantes y sus familias en América Latina (que dependen de las remesas) aspiran a que cese la persecución inhumana que les ha deparado Bush, y se cumpla el compromiso de no expulsar, sino legalizar a los millones que llevan años trabajando en Estados Unidos.
Quinto, los ecologistas y quienes comprenden el desastre al que nos conduce la depredación salvaje sobre la naturaleza que realiza la globalización capitalista, esperan medidas concretas de control a la emisión de gases de invernadero, a las empresas mineras, etc.
Sin duda, Obama acabará decepcionando a muchos. Sus compromisos con la burguesía norteamericana y de su propio partido marcan un límite real a lo que va a ser su presidencia. Seguramente veremos cambio de matices: un multilateralismo en política exterior (que ya la crisis impuso al propio Bush, de ahí la Cumbre Económica de este mes), una retirada ostensible pero no total de Irak, ciertas políticas sociales a lo interno.
Pero la victoria electoral que hoy se adjudica el pueblo norteamericano a través de Obama, combinada con la segura inconsecuencia del futuro presidente en cumplir estas aspiraciones, sienta las bases para saltos adelante en la conciencia de millones de oprimidos, para que se den nuevas formas de lucha y de organización. Así sea dentro del marco electoral burgués, millones han descubierto que su acción es capaz de hacer cambios, y que éste es posible.. Eso es lo importante y lo que hay que celebrar.

(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá y Secretario General del Partido Alternativa Popular (PAP).

viernes, 7 de noviembre de 2008

Pellízquenme

EL MUNDO › OPINION
Por Michael Moore *
¿Quién, entre nosotros, no se ha quedado sin palabras? Las lágrimas fluyen. Lágrimas de alegría. Lágrimas de alivio. Una asombrosa, apabullante avalancha de esperanza en un tiempo de profunda desesperación. En una nación que fue fundada sobre el genocidio y luego construida sobre las espaldas de esclavos, fue un momento inesperado, perturbador en su simplicidad: Barack Obama, un hombre bueno, un hombre negro, dijo que traería el cambio a Washington y a la mayoría del país le gustó la idea. Los racistas estuvieron presentes durante la campaña y en el cuarto oscuro. Pero ya no eran más mayoría y veremos cómo se apaga su llama de odio a lo largo de nuestra vida.
Hubo otra importante “primera” noche. Nunca antes en nuestra historia había sido elegido presidente durante un tiempo de guerra un candidato antibélico confeso. Espero que el presidente electo Obama recuerde eso cuando tenga que considerar expandir la guerra en Afganistán. La fe que tenemos ahora se perderá si se olvida el tema principal por el cual derrotó a sus colegas demócratas en las primarias y luego a un gran héroe de la guerra en la elección general: el pueblo de Estados Unidos está cansado de la guerra. Harto. Y el martes su voz fue fuerte y clara.
Han pasado 44 inexcusables años desde que un demócrata que se postula para presidente recibió sólo el 51 por ciento de los votos. Eso es porque a la mayoría de los estadounidenses no les gustan los demócratas. Los ven como que pocas veces tienen las agallas para hacer el trabajo y defender a los trabajadores que ellos dicen que apoyan. Bueno, acá tienen la oportunidad. Se les entregó, vía un público votante, en la forma de un hombre que no es uno cualquiera del partido, no es un burócrata de por vida. ¿Se convertirá ahora en uno de ellos o los obligará a ser más como él? Rogamos que sea esto último.
Pero hoy celebramos este triunfo de la decencia sobre el ataque personal, de la paz sobre la guerra, de la inteligencia sobre la creencia de que Adán y Eva montaban dinosaurios hace apenas 6000 años. ¿Cómo será tener un presidente inteligente? La ciencia, desterrada durante ocho años, volverá. Imaginen apoyar a las mentes superiores de nuestro país mientras ellos se dedican a curar enfermedades, descubrir nuevas formas de energía y trabajar para salvar al planeta. Ya lo sé, pellízquenme.
Podremos, posiblemente, ver también una refrescante apertura, ilustración y creatividad. Las artes y los artistas no serán vistos como enemigos. Quizás el arte sea explorado para descubrir las más grandes verdades. Cuando Franklin Delano Roosevelt ganó la presidencia con una victoria aplastante en 1932, lo que siguió fue Frank Capra y Preston Stugis, Woody Guthrie y John Steinbeck, Dorothea Lange y Orson Wells. Toda la semana estuve inundado por los medios que me preguntaban: “¿Gee, Mike, qué vas a hacer ahora que Bush se fue?”. ¿Se están burlando? ¿Cómo será trabajar y crear en un ambiente que alimente y apoye el cine y las artes, la ciencia y los inventos, y la libertad de ser lo que uno quiere? ¡Miren cómo florecen mil flores!
No tenemos demasiado tiempo. Hay mucho trabajo por hacer. Pero ésta es la semana para que todos nosotros nos deleitemos en este gran momento. Sean humildes. No traten a los republicanos en sus vidas en la forma en que ellos los trataron los últimos ocho años. Muéstrenles la gracia y la bondad que irradió Barack Obama a través de toda su campaña. Aunque le dijeron de todo, se negó a rebajarse a la cloaca y devolver la suciedad. ¿Podremos seguir su ejemplo? Sé que será difícil.
Quiero agradecer a todos los que dieron su tiempo y sus recursos para que esta victoria ocurriera. Ha sido un largo camino y se le ha hecho un enorme daño a este gran país, sin hablar de los muchos que perdieron sus puestos, quebraron por las cuentas médicas o sufrieron porque alguien querido era enviado a Irak. Ahora trabajaremos para reparar este daño, y no será fácil.
Pero ¡qué manera de empezar! Barack Hussein Obama, el 44º presidente de los Estados Unidos. Guau. Seriamente. Guau.
* www.michaelmoore.com.Traducción: Celita Doyhambéhère.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ojalá


06 de Noviembre de 2008


Por Eduardo Galeano


¿Obama probará, desde el gobierno, que sus amenazas guerreras contra Irán y Pakistán fueron no más que palabras, proclamadas para seducir oídos difíciles durante la campaña electoral?Ojalá. Y ojalá no caiga ni por un momento en la tentación de repetir las hazañas de George W. Bush. Al fin y al cabo, Obama tuvo la dignidad de votar contra la guerra de Irak, mientras el Partido Demócrata y el Partido Republicano ovacionaban el anuncio de esa carnicería.Durante su campaña, la palabra leadership fue la más repetida en los discursos de Obama. Durante su gobierno, ¿continuará creyendo que su país ha sido elegido para salvar el mundo, tóxica idea que comparte con casi todos sus colegas? ¿Seguirá insistiendo en el liderazgo mundial de los Estados Unidos y su mesiánica misión de mando?Ojalá esta crisis actual, que está sacudiendo los cimientos imperiales, sirva al menos para dar un baño de realismo y de humildad a este gobierno que comienza.¿Obama aceptará que el racismo sea normal cuando se ejerce contra los países que su país invade? ¿No es racismo contar uno por uno los muertos invasores en Irak y olímpicamente ignorar los muchísimos muertos en la población invadida? ¿No es racista este mundo donde hay ciudadanos de primera, segunda y tercera categoría, y muertos de primera, segunda y tercera?La victoria de Obama fue universalmente celebrada como una batalla ganada contra el racismo. Ojalá él asuma, desde sus actos de gobierno, esa hermosa responsabilidad.¿El gobierno de Obama confirmará, una vez más, que el Partido Demócrata y el Partido Republicano son dos nombres de un mismo partido?Ojalá la voluntad de cambio, que estas elecciones han consagrado, sea más que una promesa y más que una esperanza. Ojalá el nuevo gobierno tenga el coraje de romper con esa tradición del partido único, disfrazado de dos que a la hora de la verdad hacen más o menos lo mismo aunque simulen que se pelean.¿Obama cumplirá su promesa de cerrar la siniestra cárcel de Guantánamo?Ojalá, y ojalá acabe con el siniestro bloqueo de Cuba.¿Obama seguirá creyendo que está muy bien que un muro evite que los mexicanos atraviesen la frontera, mientras el dinero pasa sin que nadie le pida pasaporte?Durante la campaña electoral, Obama nunca enfrentó con franqueza el tema de la inmigración. Ojalá a partir de ahora, cuando ya no corre el peligro de espantar votos, pueda y quiera acabar con ese muro, mucho más largo y bochornoso que el Muro de Berlín, y con todos los muros que violan el derecho a la libre circulación de las personas.¿Obama, que con tanto entusiasmo apoyó el reciente regalito de setecientos cincuenta mil millones de dólares a los banqueros, gobernará, como es costumbre, para socializar las pérdidas y para privatizar las ganancias?Me temo que sí, pero ojalá que no.¿Obama firmará y cumplirá el compromiso de Kyoto, o seguirá otorgando el privilegio de la impunidad a la nación más envenenadora del planeta? ¿Gobernará para los autos o para la gente? ¿Podrá cambiar el rumbo asesino de un modo de vida de pocos que se rifan el destino de todos?Me temo que no, pero ojalá que sí.¿Obama, primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos, llevará a la práctica el sueño de Martin Luther King o la pesadilla de Condoleezza Rice?Esta Casa Blanca, que ahora es su casa, fue construida por esclavos negros. Ojalá no lo olvide, nunca.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La superioridad del capitalismo


Por Santiago Alba Rico - La Jiribilla - Cuba

La crisis económica actual. Paradojas de un salvamento
¿Qué es una crisis capitalista?
Veamos en primer lugar lo que no es una crisis capitalista.
Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 4 750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que haya 1 000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista.
Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista.
Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista.
Que 3 000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista.
Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista.
Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista.
Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista.
Que 16 306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista.
Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista?
Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4 700 millones, condenar al desempleo o la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para 1 000 empresas multinacionales y 2 500 000 de millonarios.
Lo que demuestra la superior eficacia y resistencia del capitalismo es que todas estas calamidades humanas ―que habrían invalidado cualquier otro sistema económico― no afectan a su credibilidad ni le impiden seguir funcionando a pleno rendimiento. Es precisamente su indiferencia mecánica la que lo vuelve natural, invulnerable, imprescindible. El socialismo no sobreviviría a este desprecio por el ser humano, como no sobrevivió en la Unión Soviética, porque está pensado precisamente para satisfacer sus necesidades; el capitalismo sobrevive y hasta se robustece con las desgracias humanas porque no está pensado para aliviarlas. Ningún otro sistema histórico ha producido más riqueza, ningún otro sistema histórico ha producido más destrucción. Basta considerar en paralelo estas dos líneas ―la de la riqueza y la de la destrucción― para ponderar todo su valor y toda su magnificencia. Esta doble tarea, que es la suya, la hace mejor que nadie y en ese sentido su triunfo es inapelable: que haya cada vez más alimentos y cada vez más hambre, más medicinas y más enfermos, más casas vacías y más familias sin techo, más trabajo y más parados, más libros y más analfabetos, más derechos humanos y más crímenes contra la humanidad.
¿Por qué tenemos que salvar eso? ¿Por qué tiene que preocuparnos la crisis? ¿Por qué nos conviene encontrarle una solución? Las viejas metáforas del liberalismo se han revelado todas mendaces: la “mano invisible” que armonizaría los intereses privados y los colectivos cuenta monedas en una cámara blindada, el “goteo” que irrigaría las capas más bajas del subsuelo apenas si es capaz de llenar el cuenco de una mano, el “ascensor” que bajaría cada vez más de prisa a rescatar gente de la planta baja se ha quedado con las puertas abiertas en el piso más alto. Las soluciones que proponen, y aplicarán, los gobernantes del planeta aceptan, en cualquier caso, la lógica inmanente del beneficio ampliado como condición de supervivencia estructural: privatización de fondos públicos, prolongación de la jornada laboral, despido libre, disminución del gasto social, desgravación fiscal a los empresarios. Es decir, si las cosas no van bien es porque no van peor. Es decir, si no son rentables 950 millones de hambrientos, habrá que doblar la cifra. El capitalismo consiste en eso: antes de la crisis condena a la pobreza a 4 700 millones de seres humanos; en tiempos de crisis, para salir de ella, solo puede aumentar las tasas de ganancia aumentando el número de sus víctimas. Si se trata de salvar el capitalismo ―con su enorme capacidad para producir riqueza privada con recursos públicos― debemos aceptar los sacrificios humanos, primero en otros países lejos de nosotros, después quizá también en los barrios vecinos, después incluso en la casa de enfrente, confiando en que nuestra cuenta bancaria, nuestro puesto de trabajo, nuestra televisión y nuestro ipod no entren en el sorteo de la superior eficacia capitalista. Los que tenemos algo podemos perderlo todo; nos conviene, por tanto, volver cuanto antes a la normalidad anterior a la crisis, a sus muertos en-otra-parte y a sus desgraciados sin-ninguna-esperanza.
Un sistema que, cuando no tiene problemas, excluye de una vida digna a la mitad del planeta y que soluciona los que tiene amenazando a la otra mitad, funciona, sin duda, perfectamente, grandiosamente, con recursos y fuerzas sin precedentes, pero se parece más a un virus que a una sociedad. Puede preocuparnos que el virus tenga problemas para reproducirse o podemos pensar, más bien, que el virus es precisamente nuestro problema. El problema no es la crisis del capitalismo, no, sino el capitalismo mismo. Y el problema es que esta crisis reveladora, potencialmente aprovechable para la emancipación, alcanza a una población sin conciencia y a una izquierda sin una alternativa elaborada. Se equivoque o no Wallerstein en su pronóstico sobre el fin del capitalismo, tiene razón, sin duda, en el diagnóstico antropológico. En un mundo con muchas armas y pocas ideas, con mucho dolor y poca organización, con mucho miedo y poco compromiso ―el mundo que ha producido el capitalismo― la barbarie se ofrece mucho más verosímil que el socialismo.Por eso hay que auparse en los islotes de conciencia y en los grumos de organización. Cuba bloqueada, Cuba azotada por los vientos, Cuba pobre, Cuba incómoda, Cuba a veces equivocada, Cuba improvisada, Cuba disciplinada, Cuba resistente, Cuba ilustrada, Cuba siempre humana, mantiene abierta una tercera vía, hoy más necesaria que nunca, entre el capitalismo y la barbarie. Si no podemos ayudarla, podemos al menos ayudarnos a nosotros mismos pensando en ella con alivio y agradecimiento.

Un país para todos

COLUMNA SOBRE PROYECTO DE CREACIÓN DE SISTEMA INTREGADO PREVISIONAL ARGENTINO
Publicado en BAE Económico.

El proyecto de ley anunciado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner impulsa el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) en el que el régimen de reparto administrado por el Estado absorbe al sistema de capitalización (AFJP).
Esta medida se enmarca en las distintas decisiones que se realizaron para la protección del ingreso de los jubilados desde el 2003 a la fecha. Así, a 1.500.000 personas, que por diferentes razones no percibían ningún aporte del Estado, se les facilitó el acceso al derecho previsional.
Se estableció recientemente un régimen de movilidad que garantiza dos subas anuales transformando el reajuste en política de Estado.
Se elevó el mínimo de las jubilaciones desde 220 pesos a 680, trece veces más de lo que nuestros abuelos y abuelas cobraban en 2003.
El anuncio de la Presidenta, y el envío del proyecto de ley al Congreso (dando una muestra más de seriedad institucional y respeto a la división de poderes), se inscriben en este panorama de recuperación de la seguridad social solidaria como un pilar fundamental en las políticas de nuestro gobierno.
Se pasa de un sistema que tiene como base la acumulación individual a otro cuya base es un fondo común de respuesta solidaria a partir de un "acuerdo entre generaciones" que suma racionalidad a un esquema previsional que "previene".
Pero además esta decisión no obedece a un dogma filosófico sino a la comprobación empírica de los resultados del sistema de capitalización; desfinanciamiento del sector público, jubilaciones por debajo de la mínima, bajo nivel de aporte voluntarios y concentración de fondos en pocas empresas.
La realidad de las promesas ficticias lleva a una decisión de Estado clara, contundente y que tiene como beneficiarios a la gran mayoría de los argentinos que trabajan.
Era de esperar que frente a tamaño acto de soberanía y justicia social, los agoreros de siempre de la oposición política, sumados a los "generales multimediáticos" y a los sectores concentrados del sistema financiero, se conviertan en un solo grito en contra de este proyecto y esta decisión del gobierno de avanzar sobre las estafas de las AFJP. Pero la verdad de la milanesa es que ese sistema fracasó.
El dinero de los trabajadores que aportan a las AFJP es invertido por estas empresas en la "timba financiera" o es prestado al mismo Estado. No generan trabajo, ni infraestructura, ni aportan al desarrollo del país. Incluso son responsables del desfinanciamiento del sector público, que concluyó en la hecatombe del 2001.
La escasa rentabilidad actual de estas empresas sumadas a la crisis mundial les dificulta hacer frente a sus obligaciones para con sus afiliados. Es un sistema previsional que no previene. Es una estafa.
Actualmente es el Estado el que garantiza el haber mínimo del 77 por ciento de los jubilados por AFJP. Si, leyó bien.
Es importante mencionar que esta burocracia empresarial generó increíbles costos administrativos, llegando al 23%, mientras en Canadá o Japón apenas supera el 2%, cobrando comisiones que siempre superaron el 30%.
Por otro lado, es importante enfatizar que desde que se instauró el sistema de capitalización en 1994, de las 26 empresas que funcionaban en ese momento sólo quedan 10. Lo que demuestra el fracaso del sistema instaurado por Domingo Cavallo y señala un grave proceso de concentración.
La decisión de terminar con las AFJP está garantizando los ahorros previsionales de todos los trabajadores. Se asegura también el control y seguimiento de los recursos, y la independencia de la ANSES que, por otro lado, ha demostrado ser un organismo del Estado ejemplar en su gestión y administración.
Además se plantea el seguimiento por parte de un equipo legislativo, con lo cual se ahondan los controles. Los agoreros del "no se puede" y la "destrucción de lo público" desestiman estos mecanismos sin ponerse a trabajar para ser parte de la solución.
Varias ilusiones acerca del sistema de capitalización estallaron ante la realidad concreta; una de ellas aseguraba que el sistema generaba "incentivos" para el cumplimiento de los aportes, sin embargo la cobertura de la Población Económicamente Activa (PEA) bajó hasta 15 puntos desde el ´94. En ese marco, mientras los quintiles de ingresos más altos continuaron aportando, los sectores más pobres fueron excluidos del sistema.
A su vez la cobertura provisional en los adultos mayores cayó y muchos de ellos se vieron obligados a realizar contraprestaciones en busca de algún tipo de ingreso.
El proyecto establece que los aportantes de las AFJP estarán en iguales condiciones que los de reparto en el sistema único, como si hubieran aportado durante diez años el 11% de su sueldo. Pero la realidad marca que durante la crisis el aporte del sistema de capitalización estaba determinado en 5 % y más tarde en 7%, hasta enero de este año cuando volvió al 11%. Por lo que el aportante de la AFJP saldrá ganando en su traspaso al Estado.
El año pasado nuestra presidenta nos decía a través de los afiches: "Sabemos lo que falta. Sabemos como hacerlo". Esta decisión era algo que hacía falta. Sabemos cómo y debemos hacerlo.
El gobierno ha tomado una decisión estratégica que es un paso más en la construcción del país que todos soñamos y que todos podemos hacer realidad. Un país para TODOS, sin olvidados ni excluidos.

Lic. Esteban Concia
Secretario Político MUP
Asesor Secretaria Gral de la Presidencia